Hay profesiones a las que se llega sin querer y otras a las que se llega queriendo. Hay profesiones que se sueñan desde niño y otras que uno jamás hubiese imaginado desempeñar. Hay profesiones que requieren de estudio y otras que solo necesitan vocación.
Normalmente las vocaciones de la infancia no se cumplen, entre otras cosas porque la mayoría hemos deseado lo que nos ha entrado por la vista, por la tele, o por comentarios mas o menos atractivos pero, o bien el tiempo ha hecho que se difuminaran aquellas primeras ideas o no estábamos realmente capacitados, o simplemente un giro inesperado en nuestra vida ha hecho que nos convirtamos en albañiles/as, administrativos/as, secretarios/as, dependientes/as, y un largo etcétera/o, o, en definitiva, no tuvimos la suficiente vocación
A algunas profesiones solo se llega desde un convencimiento tan grande que no hay nada ni nadie que lo pueda torcer, aunque en algunos casos no consiga entenderlo, entre ellas la del sacerdocio y la del arbitraje. De la primera hablaré probablemente en otro momento, y de la segunda, aunque parece que ha evolucionado un poco en los últimos años, me resulta difícil imaginar a alguien a quien desde pequeño le guste salir al patio del colegio a... no jugar! a que le insulten, le piten y en el peor de los casos le agredan. Pero el orgullo también tiene un precio y por lo menos los árbitros de categorías importantes parece que estan bien pagados, seguro que es porque cada dia el precio de los 100 gramos de orgullo esta mas caro.
La normalización del arbitraje esta en manos de las grandes marcas de ropa deportiva. El dia que la equipación más vendida sea la camiseta amarilla y pantalon negro de un árbitro internacional con el nombre escrito en la espalda (a ser posible español porque se ponen los dos apellidos y suena mas a árbitro), en los patios de los colegios se dejará de jugar tanto al futbol o al baloncesto o al balonmano, etc., y se jugará a arbitrar!! y no quiero ni imaginarme lo que puede pasar cuando la equipación más vendida sea la de un árbitro asistente, antes juez de linea:
- "Niño, ¿que les has pedido a los reyes?
- Un banderín y un pinganillo"
Tremendo!!
Cuando se dan cuenta unos padres que se han volcado en la educación de sus hijos/as, que el niño/a les va a salir árbitro/a? No he tenido la oportunidad de conocer a nadie que a los 14 o 15 años estuviese convencido de que quería serlo, evidentemente tampoco he conocido a los padres de ese a quien no he conocido, pero si algún dia tengo la oportunidad seguro que esas serán las preguntas que les haria: Cuando y como os disteis cuenta?
Me cuesta imaginar a unos padres compartiendo con sus amigos la cuestion durante una cena informal de fin de semana:
- "No os lo vais a creer, Pablito/a quiere ser arbitro/a. Estamos ilusionadisimos, sobre todo su mama" (inaudito!).
- "Si - confirmaría la mamá - no pienso perderme ni un partido, a ver como le/me/nos insultan"
Las caras de los contertulios serían una mezcla de incredulidad y de risa mal contenida, aunque si algo esta claro es que se haría un silencio un tanto incómodo a la espera de mayores explicaciones.
Pongámonos en situación: el matrimonio esta viendo la televisión con el mismo desinterés de todos los dias, el futuro árbitro ya se ha ido a dormir. La escena es normal, como la de cualquier otro dia pero esta noche se ha empezado a hablar de futbol sin demasiado interes y...
- "Sabes? creo que Pablito/a quiere ser árbitro/a
- Ah, si? Por que piensas eso?
- El otro dia entre la ropa sucia encontre un par de tarjetas
- De quien?
- Como que de quien? Una roja y otra amarilla!!
- Bueno...,
- Y que me dices de los posters de Ortiz de Mendibil, Teixeira Vitienes y de Undiano Mallenco que tiene en su habitación? (esa es otra, alguien sabe si puedo encontrar en los kioscos alguna publicación sobre la actualidad del mundo arbitral con posters de árbitros en las paginas centrales? no quiero decir desnudos, eh!).
- Claro! por eso se pasa el tiempo libre redactando actas" - dice aliviado por el descubrimiento.
- No se a ti, pero a mi el otro dia me amonesto verbalmente
- Pues ándate con ojo porque seguro que te mira con lupa."
Y a partir de esa noche empezaron a seguir de cerca los movimientos y actividades del niño antes de confirmar directamente con Pablito/a que lo que más deseaba en este mundo era ser árbitro de futbol y además internacional!
Fueron descubriendo detalles. Un dia llegó a casa con la cabeza vendada y una nota del director del colegio que queria hablar con sus padres, se ve que le habian tirado una piedra, se montó cierto revuelo en el patio. Otro dia llegó a casa llorando y abrazandose a su madre le dijo: "Mama, hoy los de 6º C se han hecho heces (Pablito era muy fino) en ti", se ve que le habían dicho algo sobre que se cagaban en alguien, no se. Otro dia en la cola del ambulatorio, al que le habian llevado por un resfriado, estuvo indicando a todos los que esperaban que tenian que hacerlo detras de la linea amarilla, amenazandoles con enseñarles una tarjeta!!! Hasta que intervino el conserje y le dio cita para el psicólogo. Estaba claro, quería ser árbitro y su vocación era tan grande como inexplicable nos pueda parecer a quienes no hemos sentido ni esta ni otras vocaciones. Algo debía de llevar en los genes porque Pablito Velasco Ballester con esos apellidos tenía la mitad del camino andado: El colegiado Velasco Ballester, sonaba bien, sonaba a árbitro, como los, en otras épocas famosos, Acebal Pezón, Urizar Azpitarte, Ansuategui Roca, Condón Uriz, Soriano Aladrén, etc., la verdad es que hay combinaciones de apellidos que solo encajan en los árbitros y en los notarios.
Un dia subían juntos, padre e hijo, la escalera cargados con las bolsas de la compra, el padre tropezó en uno de los escalones, entonces el niño con los dos brazos estirados hacia adelante le dijo: siga, siga!!! Ya en casa el niño le recriminó que habia simulado la caida. Eso no se le hace a un padre!!! Pero al dia siguiente Pablito encontró en su mesita de noche un regalo, el mas deseado: "El reglamento" editado por la R.F.E.F y dedicado por el ex-colegiado Mejía Dávila. Pablito, muy contento y finalmente comprendido, sacó el silbato del cajón, pitó tres veces y envió a sus padres a los vestuarios, el partido habia terminado.
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